TRADICIÓN · PASIÓN · CARIÑO
Mi Historia
Las mejores recetas no empiezan en una cocina. Empiezan en casa.
Mi pasión por la cocina nació en casa, creció aprendiendo junto a algunos de los mejores cocineros de España y hoy sigue viva en cada receta que preparo. Esta es la historia de cómo una tradición familiar terminó convirtiéndose en lacocinadefran.

Aprendiendo de los grandes
Para descubrir lo que de verdad importa…

Los orígenes
La mejor maestra que podía tener: mi madre
Las mejores recetas no nacen en un restaurante con estrellas Michelin. Nacen en casa, cuando de niño te pegas a los fogones de tu madre y ves cómo el tiempo y la paciencia hacen milagros.
Muchas de aquellas recetas siguen siendo hoy la inspiración de lacocinadefran.
La formación
Aprender de los mejores.
Esa pasión por la cocina me llevó a formarme en la Escuela de Hostelería y Turismo de Lago. Allí tuve la suerte de aprender de de algunos de los mejores cocineros de España, entre ellos Sergio Fernández, un referente de la gastronomía nacional.

Trabajar en El Bohío junto a Pepe Rodríguez y Toni Canales terminó de definir mi manera de entender la cocina: respetar el producto, cocinar sin prisas y dejar que cada receta hable por sí sola.
Hoy esa forma de entender la cocina sigue viva en mi obrador de Humanes de Madrid, donde elaboro callos, manitas y otras recetas tradicionales, que enviamos refrigeradas para que lleguen a tu casa con todo su sabor.
Aprender de los mejores
Esa pasión por la buena comida me llevó a formarme en la Escuela de Hostelería de Lago y a aprender de grandes de la cocina como Sergio Fernández.
Tiempo después, pasé por las cocinas de El Bohío, trabajando codo a codo con Pepe Rodríguez y Toni Canales. Fue una lección inolvidable de exigencia, respeto por la materia prima y ritmo de alta cocina.
Aprendí muchísimo de todos ellos, pero también saqué una conclusión muy clara: La cocina de estrella Michelín está muy bien para un día de fiesta, pero no hay nada como el sabor de un guiso tradicional como los que hacían nuestras madres y abuelas

Aprendiendo de los grandes
Para descubrir lo que de verdad importa…
Los orígenes
La mejor maestra que podía tener: mi madre
Las mejores recetas no nacen en un restaurante con estrellas Michelin. Nacen en casa, cuando de niño te pegas a los fogones de tu madre y ves cómo el tiempo y la paciencia hacen milagros.
Muchas de aquellas recetas siguen siendo hoy la inspiración de lacocinadefran.

La formación
Aprender de los mejores.
Esa pasión por la cocina me llevó a formarme en la Escuela de Hostelería y Turismo de Lago. Allí tuve la suerte de aprender de de algunos de los mejores cocineros de España, entre ellos Sergio Fernández, un referente de la gastronomía nacional.

Trabajar en El Bohío junto a Pepe Rodríguez y Toni Canales terminó de definir mi manera de entender la cocina: respetar el producto, cocinar sin prisas y dejar que cada receta hable por sí sola.
Aprendí muchísimo de todos ellos, pero también saqué una conclusión muy clara:
La cocina de estrella Michelín está muy bien para un día de fiesta, pero no hay nada como el sabor de un guiso tradicional como los que hacían nuestras madres y abuelas.
lacocinadelamor, cocinar para celebrar.

Un nuevo camino
Después de aprender de los grandes, decidí llevar esa misma cocina a celebraciones, reuniones y eventos para que cada mesa se convirtiera en un recuerdo inolvidable. Creé la cocinadelamor y empecé a dar caterings con todo el cariño del mundo, en los que descubrí que cocinar no consistía solo en preparar buenos platos, sino en crear los momentos perfectos alrededor de la comida.
Con lacocinadelamor cada celebración y cada evento me enseñaban que la comida tiene la capacidad de reunir a las personas alrededor de una misma mesa y que las recetas tradicionales que preparaba eran siempre las más valoradas.
lacocinadelamor, cocinar para celebrar.
Un nuevo camino
Después de compartir mis recetas con familiares y amigos nació una nueva ilusión: llevar esa misma cocina a celebraciones, reuniones y eventos para que cada mesa se convirtiera en un recuerdo inolvidable. Creé la cocinadelamor y empecé a dar caterings con todo el cariño del mundo, en los que descubrí que cocinar no consistía solo en preparar buenos platos, sino en crear los momentos perfectos alrededor de la comida.

El culpable de todo: Mis callos
Tras lacocinadelamor, volví a lo mío: un trabajo en el sector industrial que te paga las facturas pero que no te enciende la misma chispa que cocinar para la familia y los amigos los fines de semana.
En esos ratos, cuando me ponía el delantal, encontraba mi refugio.
Un día preparé una tanda de callos a la madrileña.
Ahí empezó el lío de verdad.
La gente no solo rebañaba el plato con pan hasta dejarlo brillante; empezó a pasar algo impredecible:
«Fran, ¿cuándo vuelves a hacer callos?»
«Fran, hazme dos tuppers para llevarme a casa.»
«Fran, te cambio lo que quieras por una cazuela este domingo.»
Y lo mismo pasó cuando probaron mis manitas.
Lo que empezó como una comida familiar o de amigos, se convirtió en un acoso cariñoso de amigos, familiares y conocidos que querían repetir una y otra vez.
Fue en ese momento cuando tomé la decisión: crear lacocinadefran y ponerme a cocinar para llevar estos guisos a la mesa de quien supiera apreciarlos.

El culpable de todo:
Mis callos
Tras lacocinadelamor, volví a lo mío, un trabajo en el sector industrial que pagaba las facturas, pero que no te enciende la misma chispa que cocinar para la familia y los amigos.
En esos ratos, cuando me ponía el delantal, encontraba mi refugio.

Un día preparé una tanda de callos a la madrileña.
Ahí empezó el lío de verdad.
La gente no solo rebañaba el plato; empezó a pasar algo impredecible:
«Fran, ¿cuándo vuelves a hacer callos?»
«Fran, hazme dos tuppers para llevarme a casa.»
«Fran, te cambio lo que quieras por una cazuela este domingo.»
Y lo mismo pasó cuando probaron mis manitas.
Lo que empezó como una comida familiar o de amigos, se convirtió en un acoso cariñoso de gente que quería repetir una y otra vez.
Fue entonces cuando tomé la decisión: crear lacocinadefran y llevar esos guisos a la mesa de quien supiera apreciarlos.

